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Lo que la ciencia de la conducta nos dice sobre los instructores y los estudiantes


La adopción de tecnologías educativas, combinada con nuevos enfoques sobre análisis y almacenamiento de datos, han abierto todo un nuevo mundo de posibilidades de investigación. ¿Su institución ya se unió a esta tendencia para ayudar a los estudiantes?

Ahora mismo la investigación educativa está enfocada en responder preguntas tales como: ¿Están los estudiantes realmente entendiendo los materiales de enseñanza o si dedican suficiente tiempo a la lectura?, ¿cuáles hábitos de estudio u otros comportamientos conducen al éxito del estudiante y cuáles predicen la posibilidad de fracasar?, ¿qué pueden hacer los profesores para fomentar hábitos positivos en los estudiantes, o bien cómo deben diseñar los instructores sus cursos y materiales de estudio para conseguir que los estudiantes se comprometan?, todas estas preguntas y muchas más surgen con base en la investigación de los comportamientos de instructores y estudiantes.

El término “ciencia de la conducta” se usa para hacer referencia a las diversas disciplinas que estudian las acciones humanas, primordialmente a los patrones de respuesta ante estímulos externos, no simplemente se trata de preguntar las opiniones y las posiciones de la gente. De hecho, la ciencia de la conducta presta mayor atención a lo que hace la gente en situaciones específicas.

El campo educativo recurre a la ciencia de la conducta para entender cuáles son los comportamientos que han tenido éxito entre profesores y estudiantes y así diseñar mejores materiales de enseñanza, mejorar los programas y definir las estrategias y los enfoques de enseñanza que deben adoptar las instituciones.

El Dr. John Whitmer, Learning Analytics and Research Director de Blackboard, investiga lo que realmente hacen las personas cuando usan las tecnologías educativas, todo lo contrario, a las investigaciones convencionales que normalmente se basan en encuestas o estudios a pequeña escala.

El equipo de Whitmer investiga cómo las personas usan el ambiente digital de aprendizaje Blackboard Learn, así como otras herramientas y recursos como Blackboard Collaborate, Blackboard Ally y SafeAssign, y analiza la relación entre los resultados obtenidos y el éxito del estudiante.

“Los datos recolectados y las nuevas técnicas que estamos desarrollando a través del análisis del aprendizaje nos permiten entender la interacción de los estudiantes con los materiales de enseñanza y luego usar esa información para identificar, en formas que antes eran imposibles, cuáles estudiantes están comprometidos y cuáles no lo están”, afirma Whitmer.

Además, Whitmer observa cómo cada vez más instructores e instituciones empiezan a aprovechar las ventajas que ofrecen estas nuevas oportunidades: “es realmente emocionante y por eso queremos asegurarnos de identificar cuáles actividades realmente despiertan interés, así como reflejar y representar las mejores cualidades de la educación a través de nuestro trabajo. Afortunadamente es algo que seguimos mejorando cada día”.

Ciencia de la conducta e investigación educativa

La analítica del aprendizaje ha abierto todo un nuevo campo de investigación que antes no existía. Las nuevas tecnologías educativas ahora nos permiten llevar un registro sumamente detallado de las actividades de los estudiantes, el cual resulta muy útil para responder diversas preguntas acerca de la conducta y el aprendizaje de los estudiantes. La investigación cualitativa y la lingüística cuantitativa también son utilizadas por los instructores para obtener una perspectiva más amplia sobre la calidad y la originalidad de los trabajos e interacciones de los estudiantes. Por tal razón enumeramos las aplicaciones de la investigación:

1. Comprensión de la relación entre la conducta y el éxito de los estudiantes

Según Whitmer, actualmente se usa la ciencia de la conducta en diversos niveles, pero especialmente para observar el comportamiento de los estudiantes y luego hacer comparaciones tanto en el uso y la interacción con las tecnologías como, entre la conducta de los estudiantes exitosos y los no exitosos.

“Al hacer esto, es posible crear modelos predictivos que indiquen la posibilidad de cada estudiante de aprobar o fracasar, así como de suministrar dicha información por adelantado a profesores, asesores y quizás a los mismos estudiantes, de manera que tengan suficiente tiempo para corregir la situación”, afirma Whitmer.

Asimismo, la ciencia de la conducta le permite establecer a los instructores si los cursos fueron diseñados eficazmente. Por ejemplo, si los estudiantes pasan una gran cantidad de tiempo en un recurso de aprendizaje, puede significar que aprenden mucho con ella o que les causa dificultades.

“Al observar la relación entre el uso de la tecnología y el éxito del estudiante, es posible definir cómo mejorar los materiales de estudio del curso y por ende hacer que los estudiantes aprendan más y tengan menos dificultades”, señala Whitmer.

2. Comprensión de cómo los diferentes materiales y enfoques influyen en el aprendizaje

La segunda aplicación de la ciencia de la conducta en el campo educativo es que las instituciones ahora pueden hacer comparaciones entre diferentes materiales o enfoques, con el fin de obtener evidencias sobre las estrategias educativas que adoptan. “Por ejemplo, se puede entregar un material específico en formato de video y luego en formato de texto y después ver cómo cada uno se relaciona con la cantidad de tiempo que los estudiantes le dedican, así como con el nivel de eficacia del aprendizaje”, explica Whitmer.

3. Mejora del programa de estudio

La tercera y última aplicación de la ciencia de la conducta, relacionada con el análisis del compromiso, es la mejora del programa de estudio. Observar la forma en que los estudiantes aprueban, fracasan, interactúan y se relacionan con los materiales de enseñanza permite establecer los cursos del programa que son adecuados.

“Ayudar a los estudiantes a obtener su título es uno de los principales retos de los Estados Unidos, así como de los países en desarrollo. Es importante que los estudiantes se gradúen tan fácilmente como sea posible y que los ayudemos a superar la mayor cantidad de obstáculos. En tal sentido, la ciencia de la conducta nos puede ayudar a establecer las mejores acciones que deben emprender los estudiantes”, explica Whitmer.

Conducta del instructor

¿Cuáles son las conductas más importantes para un aprendizaje de calidad? Revisar el trabajo del estudiante y brindar retroalimentación constante y de calidad es probablemente la forma más segura en que los instructores pueden tener un impacto positivo sobre el aprendizaje de los estudiantes, señala Whitmer. Esto puede convertirse en un reto para los instructores, que tienen cada vez más cursos concurridos y por ende menos tiempo; afortunadamente, los recursos tecnológicos están disponibles para ayudarles.

“Una de nuestras metas en Blackboard es incrementar el tiempo que los instructores dedican a la retroalimentación sustancial. ¿Cómo? Automatizando muchas de las tareas en las que consumen mucho tiempo. Por ejemplo, contar el número de publicaciones de los estudiantes en los foros de discusión y otorgarles una calificación no constituye un buen uso del tiempo. Por el contrario, sería mucho mejor que los instructores pasaran su tiempo leyendo, revisando, dando respuesta a los trabajos de los estudiantes y brindando un mayor grado de retroalimentación”, explica Whitmer.

Blackboard también está desarrollando mecanismos e instrumentos de retroalimentación automatizados en Blackboard Learn para que los instructores puedan verificar si los estudiantes leen sus comentarios o no.

Otra conducta del instructor que tiene gran impacto en el aprendizaje es su presencia en el ambiente en línea, bien sea ingresando o contactando a los estudiantes de forma constante. “En este sentido, la presencia es importante y es una forma en que los instructores pueden tener un impacto inmediato en el aprendizaje, pues muestra que se preocupan por sus estudiantes. Si los estudiantes saben que su instructor está conectado, que los está observando y presta atención a su participación, les hace sentir que les importa y, como resultado, se establece una conexión fuerte y se aumenta la motivación para participar en clase”, afirma Whitmer.

En un sentido más amplio, enseñar destrezas a los estudiantes, crear materiales de estudio eficaces y evaluar dichos materiales frecuentemente, son otras conductas de los instructores ampliamente valoradas.

Conducta del estudiante

¿Acaso existe una conducta ideal del estudiante? Según Whitmer, esto es muy difícil de establecer y debemos recordar siempre que la conducta varía dependiendo de los antecedentes, el conocimiento previo y la experiencia de cada estudiante. Si un estudiante ya domina un contenido o tiene un amplio conocimiento previo sobre el tema, su conducta podría no ser un muy buen indicador, porque quizás ese estudiante no necesita pasar tanto tiempo estudiando ese material específico. “Sin embargo, como principio general, sabemos que acceder rápidamente a los materiales sin duda es mejor que hacerlo tarde y de forma no frecuente. Acceder lo más pronto posible aligera la carga y ayuda a los estudiantes a aprender más de forma paulatina”, explica Whitmer.

La interacción entre estudiantes también es una conducta que se debe analizar. De acuerdo con Whitmer, sentir que sus acciones importan y que son parte de una comunidad de aprendizaje a menudo motiva mucho a los estudiantes. “Particularmente en el aprendizaje en línea, tener niveles de compromiso, conexión e interacción con otros estudiantes e instructores es vital para tener un sentido más social en el ambiente en línea”, señala Whitmer.

La priorización y manejo del tiempo son otras conductas esenciales para el éxito del estudiante y la tecnología les puede ser muy útil en ese sentido: por ejemplo, Blackboard Learn Ultra tiene un hilo de actividad que da prioridad a las próximas tareas y brinda retroalimentación a los estudiantes, para que tengan que hacer menos por su cuenta.

Compromiso versus falta de compromiso

Existen muchas conductas que muestran el nivel de compromiso de los estudiantes, aclara Whitmer. El tiempo y la frecuencia con que acceden al curso podrían ser un buen indicador, pero los patrones conductuales varían. “Por ejemplo, si un estudiante no ingresa a una clase en línea ni a los materiales del curso en las primeras semanas, es probable que no se sienta comprometido y que no le vaya bien. Igualmente, un estudiante que ingresa temprano, consigue los materiales y luego no se conecta nuevamente sino hasta la fecha del examen también puede mostrar falta de compromiso”, afirma Whitmer.

Otra forma de evaluar el compromiso es observar lo que hacen los estudiantes en el ambiente digital de aprendizaje como, por ejemplo, “¿realizan actividades activas o pasivas?, ¿leen las publicaciones de otros estudiantes?, ¿miran el perfil de otros o abren archivos?, ¿entregan tareas, hacen exámenes de práctica, escriben publicaciones en el blog o correos a su instructor?”, pregunta Whitmer. Esta distinción puede ser clave para que el instructor conozca si el estudiante está comprometido de forma que resulte provechoso para su aprendizaje.

Finalmente, Whitmer subraya que es importante distinguir entre interacciones y compromiso. Por ejemplo, la sola acción de abrir un archivo ya es una interacción del estudiante, pero estar comprometido implica que el estudiante viva una experiencia positiva. “Puedes interactuar con algo muchas veces y ello no significa que te guste. Y si no te gusta, no participas”, aclara Whitmer. “Debemos ir más allá de simplemente contar clics para comprender mejor y profundamente la experiencia estudiantil, y por ello es muy importante tomar en cuenta varios métodos y observarlos atentamente”.

Cómo diseñar un curso que promueva el compromiso y la conducta positiva del estudiante

    1. Dar evaluaciones frecuentes: esto promueve el compromiso y permite al instructor identificar a los estudiantes no comprometidos desde muy temprano.

    2. Dividir materiales en partes pequeñas: esto facilita el aprendizaje, pues los estudiantes sienten que progresan.

    3. Aplicar el Diseño Universal para el Aprendizaje (UDL): esto hace que el curso sea accesible e interesante para estudiantes con todo tipo de capacidades.

    4. Responder preguntas de estudiantes y aclarar dudas en línea: esto motiva las interacciones y ayuda a que los estudiantes vean utilidad en el curso.

    5. Aclarar sus expectativas: esto permite a los estudiantes conocer al grado y la frecuencia con que se espera interactúen en el curso en línea.

    6. Brindar mecanismos de retroalimentación: esto permite a los estudiantes saber cómo se desempeñan y si van por un buen camino.

    7. Promover la experimentación: esto ayuda a los estudiantes a desarrollar una perspectiva mental amplia y a saber que está bien aprender de sus errores.
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Notas:

Conductas positivas de los estudiantes
  • Ingresar y acceder a materiales del curso desde el inicio
  • Realizar tareas activas, tales como entregar asignaciones, escribir publicaciones en el blog o enviar correos
  • Priorizar actividades y tareas
  • Interactuar con instructores y compañeros

Conductas positivas de los profesores
  • Dar retroalimentación de calidad (y verificar que los estudiantes la hayan leído)
  • Estar presente, conectándose con y contactando a estudiantes de forma constante
  • Responder preguntas de los estudiantes en línea (incluyendo las fáciles)
  • Crear materiales de aprendizaje eficaces y evaluarlos frecuentemente
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Artículo escrito por: Autores del Blog de Blackboard


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